sábado, 1 de octubre de 2016

Tierra

 Se llama Tierra y es una preciosidad mulata de grandes y turgentes tetas y un coñito depilado muy apetecible. He soñado con meterle la polla entre sus tetas y correrme en su cálido pecho, pero también me gustaría correrme en su coño y en su boca...


viernes, 30 de septiembre de 2016

La vecina putita

 Tengo 55 años y desde hace unos diez años trabajo de conserje en una comunidad de vecinos de Les Corts y tengo que decir que hay algunas vecinas que me hacen fantasear y de tanto en tanto me masturbo pensando en ellas. Las hay jovencitas, estudiantes que tienen unos cuerpecitos que con el paso de los años se desarrollarán y alcanzarán la madurez sexual; otras mayores, totalmente desarrolladas y ya dispuestas al goce y por último algunas madres que están para mojar pan. Yo en la entrada las veo pasar cada día y disfruto con la visión de sus cuerpos.
Hace unas semanas, cuando estaba a pocos metros del trabajo, vi una tarjetita en el parabrisas de un coche. La cogí  y leí lo siguiente: “Muy jovencita discreta y puntual... ¡para lo que tú quieras! Tengo apartamento cerca. Mejor de lunes a viernes de 12 a 19. LLÁMAME, mi teléfono es...” Me la guardé en el bolsillo y pensé que algún día me podría servir.
Pasaron los días y leí en el diario que el jueves habría huelga de transportes. No tendría tiempo de ir a casa a comer y decidí quedarme cerca del trabajo y comerme un bocadillo. Y después se me pasó por la cabeza la tarjeta. La saqué de la cartera y llamé al número. Quedé con la chica al mediodía. Me pasé la mañana mirando el reloj, deseando que llegará la hora del encuentro con la putita. Me la imaginé de todas las maneras posibles, ¿sería muy jovencita? Me daría gato por liebre y sería más talludita, ¿sería guapa o un cardo? De todo pasó por mi cabeza... alta, baja, gorda, delgada... ¿y las tetas?
Llegó la hora y me dirigí a la dirección que me había dado la chica. Era un apartamento a tres calles de la casa en donde trabajo. Llamé al timbre y sin preguntar nada me abrió. Era en el entresuelo, pero para ir más calmado cogí el ascensor. Llamé al timbre y cuando se abrió la puerta y la vi me quedé petrificado. Era Carmen, la hija mayor de los vecinos del sexto primera. Hacía unos meses que había cumplido los dieciocho y era una preciosidad, alta, morena, con unas tetas ni muy grandes ni muy pequeñas y un culito respingon. Llevaba un micro top amarillo, muy ajustado que aprisionaba sus tetas y marcaba sobremanera sus pezones y un pantaloncito blanco que remarcaba la raja del coño y del culo. Cuando me vió se puso roja como un tomate. Solo pudo balbucear “señor Eduardo, es usted...¿que hace aquí?...” Entré, cerré la puerta y con mirada lasciva le dije que había visto su tarjeta y estaba allí para probar el género y viendo quien era, suponía que me saldría gratis... esa vez y las posteriores. Ella intentaba convencerme que había sido un error, que ella no sabía nada, que estaba en casa de una amiga y justo minutos antes había salido a hacer un recado... yo me la miré de arriba abajo y desnudándola con la mirada le dije que si no quería que sus padres supieran nada, tendría que hacer lo que le dijera a partir de ese momento. Se puso a llorar y yo me acerqué, la rodee con mis brazos e intenté calmarla. Le dije que a partir de ahora nada cambiaría, ella podría seguir con su doble vida siempre y cuando estuviera disponible para mí. La abracé con fuerza  clavando sus tersas tetas en mi pecho mientras le magreaba el culo y aposentaba mi polla, que ya estaba dura, entre sus piernas.
 Me separé unos pasos de ella, saqué el móvil y lo puse en modo vídeo. Carmen no tenía ganas de rechistar y me dejó hacer, la filmé en todo su esplendor recorriendo todos los rincones de su precioso cuerpo. Seguía sollozando y le dije que dejará de fingir, que fuera una profesional y que a partir de ese momento me pertenecía en cuerpo y alma. Le pedí que se fuera desnudando poco a poco. Mientras la filmaba se quitó el top y me mostró sus lindas tetas, de un tamaño razonable, tersas, con unos lindos pezones, oscuros y proporcionados al tamaño del pecho. Al ver esas preciosidades no me pude resistir y se las toqué. Las tenía suaves y duras. Los días que me había pasado fantaseando con sus tetas!!!. Se las magreé con calma y se las besé, primero una y después la otra. Se las lamí con deleite y después me centre en sus pezones. Me encanta chutar un pezón y rememorar mi etapa infantil. Mi dedicación a sus tetas tuvo un efecto calmante en Carmen. Estaba gozando con mis besos y caricias y de tanto en tanto soltaba un gemidito de placer. Me di cuenta de que bajó su mano derecha y comenzó a tocarse el coñito, primero por encima del pantalón y después dentro. Alcanzó el orgasmo al cabo de un tiempo. Tras unos minutos con sus pezones, le bajé el pantalón y le magree los glúteos. Mi móvil seguía grabando su culito, su coño, totalmente depilado, tenía unos marcados labios que sobresalían formando un abultamiento que daba ganas de besar. La cogí en brazos y me la llevé al comedor. La puse sobre la mesa y me senté en una silla y me dispuse a saborearla como si fuera un plato exquisito. Le separé las piernas y empecé a degustar su almeja, poco a poco, Pasaba la lengua por la rajita, dejando un reguero de saliva. Carmen se mordió los labios. Gemía acompasadamente y se extremecía con mis lenguetazos. Introduje la punta de la lengua en busca del clítoris. Cuando lo alcancé Carmen dio un brinco. Moví la lengua con maestría alrededor del botoncito y la chica dio un grito más fuerte y un suspiro profundo.  Tuvo su segundo orgasmo.
 Llegó el momento de pensar en mi. Me quité el pantalón y libere mi dolorida polla. Estaba mojada con las babas preliminares y había perdido un poco de consistencia. Me senté en el sofá y le pedí a Carmen que se acercara y  arrodillada. Con mi móvil en la mano quería inmortalizar el momento. Le pedí que mirara al móvil y empezara la labor. Me la cogió y sorbió las babitas, luego la besó y empezó a lamerla. Me bajó el prepucio  y me lamió el glande en toda su extensión. Me estaba dando un placer irrefrenable. Le pedí que se la tragara y se la zampó hasta el fondo de su garganta. Se la metía y sacaba a un ritmo cada vez más rápido hasta que no pude apuntar más y me corrí en su boca. No se desperdició ni una sola gota de mi jugosa leche.
Tenía hambre y le pedí que me prepara algo para comer. Sin vestirse, Carmen se fue hacia la cocina y al cabo de un rato volvió con una bandeja que dejó sobre la mesa. Mientras comíamos le magreaba las tetas o metía un dedo en su coñito. Ella tampoco se quedó corta y estuvo toda la comida aferrada a mi polla. Me la puso dura y cuando llegó el postre le dije que lo que me apetecía era follarmela. Entonces me cogió de la mano y me llevó a la habitación.
Tenía una gran cama de matrimonio y se tumbó en ella nada más entrar. Me detuve en el umbral de la puerta y contemplé el espectáculo. Busqué un lugar en la habitación para dejar el móvil para que grabara el momento. Tenía para mi solo a una jovencita preciosa y dispuesta a lo que fuera para que guardara el secreto y no se lo dijera a sus padres. Me había tocado la lotería. Verla sobre la cama me había excitada y ya tenía la polla dispuesta a dar guerra. Me senté junto a ella y puse mi mano sobre su coño. Pasé la mano con suavidad, recorriendo la rajita, palpando su sexo, poco a poco, mientras ella separaba las piernas y cerraba los ojos con la intención de disfrutar con mis caricias. Cuando metí la yema de mi dedo índice dio un respingo, lo saqué y lo volví a meter. Durante un minuto hice lo mismo varias veces. Empezaba a tener el coñito húmedo y cuando rocé su clítoris Carmen gimió. Introduje un segundo dedo y la penetre con suavidad aumentado el ritmo y recibiendo como respuesta gemidos y grititos de aprobación. Estaba tan lubricada que me sería muy fácil penetrarla con mi polla. Me puse encima y coloqué la puntito en la rajita y de una envestida seca se la introduje un par de centímetros. Carmen se estremeció deseando tenerla más dentro de sí. Me suplicó que se la metiera hasta el fondo que quería sentirla dentro, muy dentro. El mete saca fue rápido y acompasado hasta que no pudo aguantar más y me regaló un sonoro grito de placer, era su tercer orgasmo. Fue entonces cuando acelere mis envestidas y descargué mi leche en su cálido coño. Estuve unos segundos disfrutando del momento sin sacarla notando como mi polla se iba desinflando y regueros de semen salían por los bordes de su conejito. Me tumbe a su lado y cogiéndole una tetas me dormí sorbiendo el pezón.
Me despertó el timbre del reloj, era la hora de volver al trabajo. Me vestí rápidamente y dándole un morreo me despedí hasta el día siguiente. Era mi putita y quería que lo fuera siempre...

domingo, 25 de septiembre de 2016

Se la metí por el culo

 Tenía ganas de follarme a María por el culo y el otro día pude convencerla para que se lo desvirgara. Al principio me costó metérsela, pero poco a poco mi polla fue entrando en su culo y la chica empezó a disfrutar con mi polla dentro.


jueves, 15 de septiembre de 2016

Me lo monté con la madre y la hija

Una fantasía recurrente es montármelo con una madre y su hija y por fin la llevé a la práctica. El otro día estaba en casa de mi novia los dos solos. Estábamos en el sofá y nos comenzamos a besar. Los besos llevaron a las caricias y estas a encontrarnos desnudos magreándonos. Mi novia tiene 20 años, pero todavía un cuerpo de adolescente. Las tetas no se le han desarrollado, pero es una auténtica fiera follando y la chupa como toda una experta. Me la empezó a chupar cuando de repente oímos la voz de su madre desde el umbral de la puerta del comedor. Nos quedamos paralizados sin saber qué hacer. 
Ella se acercó a nosotros gritando. No se la veía enfadada, ante mi asombro nos dijo que estaba molesta por no avisar. Ella quería unirse a la fiesta. Sin saber como se desnudó en un santiamén y me la encontré ante mí completamente desnuda. A diferencia de su hija ella tenía unas grandes tetas, algo caídas, pero que conservaban su encanto. Apartó a su hija y me lanzó una mirada de putita. Se zampó mi polla y la empezó a chupar. Ahora sabía de donde le había salido a destreza a la niña. Su hija se quedó un poco parada, pero yo la cogí de la mano y le dije que empezara a besarme. Tenía a la madre comiéndome la polla y a la hija morreándome. Era el sueño de todo hombre. La mamá me dejó la polla tan dura que me dolía. Paró de repente y me pidió que me la follara. Se sentó en el sofá y abriéndose de piernas me enseñó el camino de su coño. Pero antes me lancé a sus tetas, se la magreé con lujuria, después pasé la lengua y se las llené de babas, le chupé y mordí los pezones... Hacía tanto tiempo que no disfrutaba de unas grandes tetas que me empaché. Luego puse la punta de mi polla en la rajita de la mamá y de una envestida se la metí hasta el fondo. Estuve bombeando unos minutos haciendo que la señora gritara y gimiera de placer. Mi novia empezó a protestar. Ella también quería su parte. Nos besamos y le chupé las tetitas.

lunes, 5 de septiembre de 2016

La enfermera caliente

 La fantasía de todo tío que está ingresado en un hospital es la de que aparezca una enfermera dispuesta a quitarle todas las penas y hacerle subir la temperatura y otras cosas.
 Tiene que ser fantástico que te chupe la polla y correrte entre sus hermosas y grandes tetas.